La Secretaría de Salud divulgó que un mexicano consume en promedio 166 litros de refresco cada año. Se trata de algo que aprendemos desde pequeños: 7 de cada 10 niños y adolescentes consumen un refresco por día, incluso desde el desayuno. México es uno de los países que más consumen bebidas azucaradas.
Este argumento, ligado directamente al tema de la salud, fue lo que hizo que en el Paquete Económico de 2026, presentado en septiembre para ser discutido y votado; y que en noviembre fue aprobado por los legisladores, se imponga que a partir del primer segundo de 2026 se incrementen impuestos a los refrescos y a otras bebidas.
El cambio se hizo en la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para los refrescos; aunque por primera vez se extendió a sueros orales con edulcorantes y azúcares añadidos.
Para traducirlo en números, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, presidente de la Comisión de Estudios Legislativos, explicó que “Se ajusta la cuota específica por litro aplicable a las bebidas saborizadas (de 1.64 pesos a 3.08 pesos por litro), incluyendo en la base gravable aquellas que contengan edulcorantes añadidos (de cero a 1.5 pesos por litro)”. Otros aumentos serán en los sueros que incluyen azúcares (de cero a 3.08 pesos por litro), edulcorantes u otros aditivos (de cero a 1.5 pesos por litro).
Los legisladores justificaron este cambio como un “impuesto saludable”, aunque sin distinción metieron por primera vez bebidas light, cero, dietéticos, sueros orales, bebidas de rehidratación y algunas etiquetas con edulcorantes o ingredientes naturales que incluso no tienen azúcar.
Por ejemplo, los sueros que no cumplan con los estándares de la Organización Mundial de la Salud pagarán 3.08 pesos por litro. Esto incluye bebidas utilizadas en enfermedades, actividad física o hidratación médica.
En cuanto se desató el debate, la presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que esta subida de precio no tiene como objetivo aumentar la recaudación, sino que la pensaron como una medida enfocada a la salud pública. Incluso, aseguró que los recursos obtenidos por el IEPS a estas bebidas se destinarán a un fondo de salud para atender enfermedades relacionadas con su consumo excesivo.
Mientras tanto, la Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA por su sigla en inglés) hizo un llamado, no escuchado, para que se realizara una clara distinción entre bebidas azucaradas y aquellas endulzadas con edulcorantes bajos o sin calorías.
“Catalogar esas bebidas como nocivas y gravarlas como si fueran equivalentes a las azucaradas confunde al consumidor, elimina herramientas útiles para disminuir azúcares y afecta de forma desproporcionada a los hogares con menor ingreso, al encarecer opciones con menos calorías”, dijeron.
Dieron a conocer que estos productos, cuando sustituyen al azúcar, pueden ayudar a reducir la ingesta calórica total de la población, lo que a su vez ayuda a prevenir la diabetes, la obesidad y otras condiciones relacionadas con la salud.
Además, mostraron una doble cara del gobierno, ya que incluso algunas de estas bebidas que serán gravadas, cuentan con evaluaciones de seguridad de instituciones sanitarias internacionales y nacionales, como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Incluso algunas tienen sellos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA).
Los edulcorantes bajos o sin calorías son de los aditivos más estudiados en el mundo. Cada uno pasa por rigurosas pruebas de toxicidad, metabolismo y ensayos clínicos antes de aprobarse. Su consumo autorizado está al menos 100 veces por debajo de niveles con efectos adversos.
Sustituir azúcar por edulcorantes permite reducir en promedio 39 gramos de azúcar y 134 kilocalorías al día, con impactos positivos en control de peso y metabolismo. No elevan glucosa ni insulina, incluso en personas con diabetes, ni afectan la presión arterial, colesterol o triglicéridos.
Y bueno, ya poniéndonos exquisitos, hay que decir que los edulcorantes bajos o sin calorías no sólo están en refrescos light o cero, también están en aguas saborizadas, tés listos para beber, leches saborizadas sin azúcar, en sobres o jarabes sugar free, en gelatinas, botanas o helados light, más un largo etcétera.
Es decir, que a partir de 2026, pagaremos más por un producto, pero esto está por “nuestra salud”, aunque no existe sustento técnico y además contradice la lógica de incentivar las alternativas saludables.
¿Ustedes dejarán de consumir sus bebidas aunque sean más caras?
AboutPaulina Casanova
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